Recojo trocitos -muy pequeñitos- de corazones rotos, para que cuando los leas el tuyo empiece a bombear con más fuerza. Y si te animas, puedes contarme lo que te pase por la cabeza.
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Cuando el mundo haya hecho su parte, cuando el mundo haya repartido sus cartas, si la mano es difícil, juntos repararemos tu corazón.