Recojo trocitos -muy pequeñitos- de corazones rotos, para que cuando los leas el tuyo empiece a bombear con más fuerza. Y si te animas, puedes contarme lo que te pase por la cabeza.
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- Oiga, ¡que acaba de pagarme 23 dólares por un perrito!
- Tú quieres el pañuelo y yo quiero mi perrito. Una cosa es el precio de algo, y otra su valor.

Confesiones de una compradora compulsiva, 7:00